El sol me dio en el cuerpo, me iluminó, y yo no sentía frío porque un calor me consumía, el calor de una chispa que se transforma en llama, de una llama que se transforma en hoguera, de una hoguera que se transforma en incendio imposible de controlar. Y yo lo sabía.
Yo lo quería.
Sabía que a partir de ese momento iría a conocer los cielos y los infiernos, la alegría y el dolor, el sueño y la desesperación, y que ya no podría nunca más controlar los vientos que soplaban desde los rincones escondidos de mi alma. Sabía que a partir de ese momento me guiaba el amor, aunque ese amor estuviese presente desde mucho tiempo atrás, desde que lo había visto por primera vez. Porque nunca lo había olvidado, aunque me hubiese considerado indigna de luchar por él. Era una amor difícil, con fronteras que yo no quería cruzar. Fronteras que hoy estoy dispuesta a dejar atrás.

El sol me dio en el cuerpo, me iluminó, y yo no sentía frío porque un calor me consumía, el calor de una chispa que se transforma en llama, de una llama que se transforma en hoguera, de una hoguera que se transforma en incendio imposible de controlar. Y yo lo sabía.

Yo lo quería.

Sabía que a partir de ese momento iría a conocer los cielos y los infiernos, la alegría y el dolor, el sueño y la desesperación, y que ya no podría nunca más controlar los vientos que soplaban desde los rincones escondidos de mi alma. Sabía que a partir de ese momento me guiaba el amor, aunque ese amor estuviese presente desde mucho tiempo atrás, desde que lo había visto por primera vez. Porque nunca lo había olvidado, aunque me hubiese considerado indigna de luchar por él. Era una amor difícil, con fronteras que yo no quería cruzar. Fronteras que hoy estoy dispuesta a dejar atrás.

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